Yo apostaba por McCain no por gusto personal, sino por un análisis apresurado, y con binoculares, de la situación en EEUU. Tomando en cuenta los productos culturales que ese país le lanza al mundo, uno presumía que la sociedad estadounidense no se encontraba dispuesta aún a asumirse plenamente como sociedad multicultural, multirracial, y quizás hasta multinacional. Pero he aquí que eso que llaman "sueño americano", y que a veces parece más un espectro o fantasma que vaga entre las sombras de una casa, se aparece de repente y recuerda a todos de que están hechos los EEUU.
Los EEUU están hechos de lo que no son, pero de lo que quieren ser. Ese "Sueño Americano", según el cual cualquiera puede hacerse rico y famoso, aprovechando las oportunidades que germinan en cualquier terreno del país, son en realidad un espejismo. Si bien alguien que tenga un sueldo mediano, trabajando por horas en varias sitios, puede tener acceso a ciertas pequeñas ventajas, (que en el tercer mundo llamaríamos "lujos"), eso no lo hace formar parte del "sueño americano". El sueño americano sería, utilizando el lenguaje que a los marxistas los llevó a la ruina, la fase superior de las aspiraciones pequeño burguesas básicas: nacer pobre, estudiar, superarse, alcanzar un trabajo que permita subir de nivel económico, ostentar mansión, carro del año, vacaciones en Europa, etc. Todo eso no lo tiene la mayoría de los habitantes de los EEUU pero están casi seguros de que podrán lograrlo. Y cuando alguien que posee todo lo que el sueño americano significa, le habla directamente a los que "aún" no lo han alcanzado, esos pequeños inocentes, excluidos aún de la riqueza y el poder, se sienten en la gloria. El candidato que logre conectarse con esos excluidos, será el que finalmente llegue a la presidencia.
McCain lo tenía, aparentemente, fácil: ex-combatiente en Vietnam, el prototipo del héroe, cayó prisionero, fue torturado y las secuelas de esa tortura perduran en su cuerpo y en su rostro, condecorado con el "Corazón Púrpura", entra en la política en el bando republicano donde facilmente pudo hacerse un sitio y alcanzar un liderazgo natural. Millonario, varias mansiones, se casa con una rubia espectacular. Tiene lo que el sueño americano promete: riqueza y fama, liderazgo y admiración de sus semejantes.
En septiembre parecía que se impondría. Las encuestas empezaban a reflejar las reticencias del electorado a dejar el camino libre a la heterodoxa presencia de Barack Obama. Pero he ahí que la crisis económica dejó a Mccain en el peor sitio en el que se puede estar en una elección: en elmismo bando de un gobierno malo. La crisis económica fue el yunque que el gobierno de Bush le lanzó a un McCain que, flotando en el mar, solo esperaba un salvavidas (Esto me recordó mucho la candidatura de Caldera en el 83, que se hundió irremediablemente a raíz del viernes negro. Nadie paraba ya a Lusinchi). A partir de ahí, el hundimiento fue terrible.
Y he aquí que Obama podía hablarles a los excluidos con mucha más suerte que McCain, porque en EEUU cualquier negro tiene en su pasado suficiente historia como para derribar el mejor mito de cualquier héroe blanco.
Además, dentro del sueño americano y, seamos sinceros, dentro de la gran mayoría de las sociedades occidentales de hoy, la caracteristica repetida esta en la juventud y el nivel educativo superior de su clase media cada día más amplia. En ese escenario, McCain no puede competir con un ágil y delgado muchacho, casado con una mujer no muy bonita pero joven, con el gran añadido que nadie ha contabilizado aún en esta campaña: desde el gobierno de Kennedy no había niños en la Casa Blanca. Obama, con sus dos inquietas niñas, pequeñas, harán que de nuevo despúes de mas de 40 años, por el palacio presidencial se vean juguetes y fiestas infantiles. Y eso también cuenta a su favor, porque sus pequeñas hijas lo hacen ver aún más joven.
Mientras Obama aparece en los escenarios con agilidad, habla con fluidez y gesticula con firmeza, McCain, el héroe, aparece ajado, lento, cansado. En una palabra: viejo. Y hoy en día nadie quiere ser viejo, ni siquiera los viejos quieren que el espejo les refleje arrugas o que las mañanas les traiga dolores reumáticos.
En resumidas cuentas, Obama ganó las elecciones el día que EEUU asumió que McCain era un héroe, pero anciano, que se enfrentaba a un electorado joven. Ahí estuvo lo contraproducente de la campaña republicana, que buscaba en todo momento resaltar la inexperiencia de Obama por el solo hecho de su juventud. Cuando los republicanos se dieron cuenta de ese error, quisieron subsanarlo con Sarah Palin en la fórmula vicepresidencial, tratando de matar dos pájaros de un tiro: una mujer que arrastrara los votos huérfanos de Hillary y con la juventud que pudiera refrescar al "buey cansado". Pero ya era tarde.
Así, en estos momentos estamos a las puertas de ver por primera vez en 24 años en EEUU a un nuevo presidente que no se apellida Bush o Clinton. Ya eso es bastante.
Los EEUU están hechos de lo que no son, pero de lo que quieren ser. Ese "Sueño Americano", según el cual cualquiera puede hacerse rico y famoso, aprovechando las oportunidades que germinan en cualquier terreno del país, son en realidad un espejismo. Si bien alguien que tenga un sueldo mediano, trabajando por horas en varias sitios, puede tener acceso a ciertas pequeñas ventajas, (que en el tercer mundo llamaríamos "lujos"), eso no lo hace formar parte del "sueño americano". El sueño americano sería, utilizando el lenguaje que a los marxistas los llevó a la ruina, la fase superior de las aspiraciones pequeño burguesas básicas: nacer pobre, estudiar, superarse, alcanzar un trabajo que permita subir de nivel económico, ostentar mansión, carro del año, vacaciones en Europa, etc. Todo eso no lo tiene la mayoría de los habitantes de los EEUU pero están casi seguros de que podrán lograrlo. Y cuando alguien que posee todo lo que el sueño americano significa, le habla directamente a los que "aún" no lo han alcanzado, esos pequeños inocentes, excluidos aún de la riqueza y el poder, se sienten en la gloria. El candidato que logre conectarse con esos excluidos, será el que finalmente llegue a la presidencia.
McCain lo tenía, aparentemente, fácil: ex-combatiente en Vietnam, el prototipo del héroe, cayó prisionero, fue torturado y las secuelas de esa tortura perduran en su cuerpo y en su rostro, condecorado con el "Corazón Púrpura", entra en la política en el bando republicano donde facilmente pudo hacerse un sitio y alcanzar un liderazgo natural. Millonario, varias mansiones, se casa con una rubia espectacular. Tiene lo que el sueño americano promete: riqueza y fama, liderazgo y admiración de sus semejantes.
En septiembre parecía que se impondría. Las encuestas empezaban a reflejar las reticencias del electorado a dejar el camino libre a la heterodoxa presencia de Barack Obama. Pero he ahí que la crisis económica dejó a Mccain en el peor sitio en el que se puede estar en una elección: en elmismo bando de un gobierno malo. La crisis económica fue el yunque que el gobierno de Bush le lanzó a un McCain que, flotando en el mar, solo esperaba un salvavidas (Esto me recordó mucho la candidatura de Caldera en el 83, que se hundió irremediablemente a raíz del viernes negro. Nadie paraba ya a Lusinchi). A partir de ahí, el hundimiento fue terrible.
Y he aquí que Obama podía hablarles a los excluidos con mucha más suerte que McCain, porque en EEUU cualquier negro tiene en su pasado suficiente historia como para derribar el mejor mito de cualquier héroe blanco.
Además, dentro del sueño americano y, seamos sinceros, dentro de la gran mayoría de las sociedades occidentales de hoy, la caracteristica repetida esta en la juventud y el nivel educativo superior de su clase media cada día más amplia. En ese escenario, McCain no puede competir con un ágil y delgado muchacho, casado con una mujer no muy bonita pero joven, con el gran añadido que nadie ha contabilizado aún en esta campaña: desde el gobierno de Kennedy no había niños en la Casa Blanca. Obama, con sus dos inquietas niñas, pequeñas, harán que de nuevo despúes de mas de 40 años, por el palacio presidencial se vean juguetes y fiestas infantiles. Y eso también cuenta a su favor, porque sus pequeñas hijas lo hacen ver aún más joven.
Mientras Obama aparece en los escenarios con agilidad, habla con fluidez y gesticula con firmeza, McCain, el héroe, aparece ajado, lento, cansado. En una palabra: viejo. Y hoy en día nadie quiere ser viejo, ni siquiera los viejos quieren que el espejo les refleje arrugas o que las mañanas les traiga dolores reumáticos.
En resumidas cuentas, Obama ganó las elecciones el día que EEUU asumió que McCain era un héroe, pero anciano, que se enfrentaba a un electorado joven. Ahí estuvo lo contraproducente de la campaña republicana, que buscaba en todo momento resaltar la inexperiencia de Obama por el solo hecho de su juventud. Cuando los republicanos se dieron cuenta de ese error, quisieron subsanarlo con Sarah Palin en la fórmula vicepresidencial, tratando de matar dos pájaros de un tiro: una mujer que arrastrara los votos huérfanos de Hillary y con la juventud que pudiera refrescar al "buey cansado". Pero ya era tarde.
Así, en estos momentos estamos a las puertas de ver por primera vez en 24 años en EEUU a un nuevo presidente que no se apellida Bush o Clinton. Ya eso es bastante.


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